El nombre TABVLARIVM procede del término latino tabularium, formado a partir de tabula: la tabla, tablilla o soporte sobre el que los romanos dejaban constancia escrita de aquello que debía ser recordado. Las tabulae podían contener cuentas, acuerdos, actos jurídicos, disposiciones y otros registros de interés público o privado. Por extensión, tabularium pasó a designar el lugar destinado a reunir, ordenar y conservar esos documentos: un archivo, registro u oficina documental.
En Roma, el ejemplo más emblemático fue el edificio tradicionalmente conocido como Tabularium, situado en la ladera del Capitolio y orientado hacia el Foro Romano. Los Museos Capitolinos lo identifican con el archivo público en el que se custodiaban tabulae de bronce que contenían leyes y actos oficiales del Estado, entre ellos tratados y decretos del Senado. Una inscripción atribuye su construcción a Quinto Lutacio Cátulo en el año 78 a. C.
La elección de la grafía TABVLARIVM reproduce el aspecto de las inscripciones monumentales romanas. En el alfabeto latino clásico no existía la distinción gráfica moderna entre la U y la V: el signo V podía representar tanto el valor vocálico que hoy escribimos como u como un valor consonántico. Por eso, TABVLARIVM no es una palabra distinta de Tabularium, sino su representación con una estética epigráfica romana.
El nombre resume también la idea que inspira la aplicación. TABVLARIVM no pretende actuar como un archivo permanente, sino recuperar el principio de orden documental que daba sentido al término romano: identificar cada documento, situarlo correctamente dentro de su expediente y prepararlo para que pueda ser revisado y utilizado con claridad.